SEASON FINALE PARTE 1: LA FARSA POLÍTICA

Target 5: Interpretemos y traduzcamos al castellano el mensaje político.

 

Mano de político ocupada

Oigo en la radio que gran parte de los españoles estamos “desapegados” de la clase política. Ya me dirán. Este tema es harto complicado, porque al igual que la religión, a veces ponemos en ella sentimientos muy profundos: la  ideología. Oh, la política, que tan importante es y debe ser en una sociedad democrática, está muy mal vista y cada vez con peor imagen conforme va pasando el tiempo. Los políticos se acercan más a ser una casta de élite con privilegios adquiridos que unos servidores de los ciudadanos, que es en definitiva para lo que les votamos.

Quitando las excepciones, benditas, que podamos encontrar en todos los partidos (sí, en todos: No solo hay desierto. Estas personas son para enmarcar y conocemos casos en nuestras ciudades y las diferentes regiones) es raro encontrarnos a políticos bien valorados. Rajoy y Zapatero tienen notas de valoración inferiores al 5, o sea, suspenso, por lo que estamos apañados. La clase política refleja un poco el estado de “lo público”. Son demasiados los que poseen puestos como si fueran títulos nobiliarios a perpetuidad y se ofenden y claman al cielo cuando les piden responsabilidades o directamente que trabajen.

Analicemos un poco desde el sentido común el tema. La política es la actividad humana que tiende a gobernar o dirigir la acción del Estado en beneficio de la sociedad. Unas personas se presentan a unas elecciones y nos hacen promesas (PROMESAS!) para que los elijamos. Para ello, los candidatos utilizan la retórica, que se ocupa de estudiar y de sistematizar procedimientos y técnicas de utilización del lenguaje puestos al servicio de una finalidad persuasiva del mismo (wikipedia, que haría yo sin ti ♥). Por lo tanto, es mejor político quien mejor domine el arte de la retórica, el que sabe utilizar las palabras para embelesarnos, como Saruman encandilaba a los orcos desde su Torre de Orthanc. Quiero decir, volviendo en mí, que es más importante la forma que el fondo, que con una buena oratoria nos pueden convencer casi de cualquier cosa, dada nuestra nula capacidad crítica (convénzanme de lo contrario). Luego ya está el porcentaje de promesas convertidas en realidad y utilizar la retórica para convencernos de que si no ha sido posible llevar a cabo tal promesa, ha sido por culpa del otro.

No pensamos en lo que realmente nos dicen. Si fuera así, saldríamos a la calle y haríamos algo para evitar que nos insultaran como a veces lo hacen. ¿Ejemplos, familia? Ahí van:

  • Candidatos acusados por corrupción a los que votamos masivamente aunque los indicios indiquen que hay irregularidades. ¿No lo vemos?
  • Actos propagandísticos enmascarados de servicios al ciudadano. Suelen ser inauguraciones. Lo del Aeropuerto de Castellón es para que saliera el pueblo a la calle en manifestación con la pancarta “no somos idiotas”. ¿No lo vemos?
  • Discursos vacios: al hilo de lo que comentaba antes de la retórica, muchos políticos no contestan a las preguntas, dan vueltas, se meten en jardines verbales, torean, distraen…todo menos contestar a preguntas incómodas. Los debates en campaña son un coñazo. ¿No lo vemos?
  • Las diferentes varas de medir. El “mi candidato está acusado de corrupción sin pruebas, pero es un ser maravilloso y está limpio de cualquier mancha sobre su honor” va unido a “tu candidato está acusado de corrupción sin pruebas, por lo que es un criminal, traidor y un  irresponsable que debe dimitir YA!”. Lo que para mi es correcto, para los demás es inadmisible. ¿No lo vemos?
  • Cuando disfrazan objetivos partidistas o de otras organizaciones no políticas para que pensemos que todo es por nuestro bien. Y es que la mayor parte de las veces el objetivo es ganar las elecciones y punto. El poder es el OBJETIVO. Y luego, ¿Quién trabaja por nosotros? ¿No lo vemos?
  • Las acusaciones sin pruebas. Es tan fácil…podemos acusar de todo, de vender Navarra a ETA, de que han robado dinero público, de que nos han puesto un detective, de mil cosas más. Es medieval, como cuando te quemaban en la hoguera porque te acusaba de herejía tu vecino envidioso. Este ejercicio, apoyado por frases del tipo “tengo la convicción moral de que usted…” está muy extendido y prueba la mala, malísima salud democrática en la que vivimos. ¿No lo vemos?

Estamos alienados, si no fuera así se haría realidad el libro de Saramago “Ensayo sobre la lucidez”, ese donde los ciudadanos votan mayoritariamente en blanco y se arma la de Dios es Cristo. Se nota la ficción de la novela al tener la ciudad un gran porcentaje de gente que piensa en lo que le dicen.

¿Y quién paga el pato de este desaguisado? los de siempre. En este país no dimite ni Perry. Se ve que los sillones tiene un fieltro poderoso.

Vaya tragaderas tenemos, como una boca de metro. Y si vemos todo el percal, ¿por qué no nos cabreamos? ¿Somos pocos o es que estamos cansados? Con nuestro silencio favorecemos que las élites nos sigan manejando. Menos mal que no todos estamos dormidos e iniciativas como el Open Goverment #oGov están para dar algo de esperanza 2.0.

La semana que viene acabaremos el tema estudiando el gracioso caso de Estados Unidos, a los que copiamos en lo bueno y en lo malo,  el papel de los ciudadanos en este teatro y  veremos dónde y cómo podemos aportar nuestro grano de arena.

A mi no me puedes votar, pero sí seguirme en Tuiter #copón @noestoydormido

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