Macroeconomía, ese palabro tan feo (Pre-Prologo a la 2ª Temporada)

coming soon…

Macroeconomía es el eufemismo más grande que existe. En ella se esconden todas las mentiras e injusticias imaginables.

Macroeconomía es que te digan que la renta per cápita en España es de 27000€ anuales, cuando la mayor parte de los trabajadores del país están (o no llegan) a los 12000€. Eso si no están en el paro. Imagina los sueldos de esos pocos para que la media se quede así.

Español medio pensando en qué gastarse sus 27000€

Macroeconomía es una palabra sinónima a “daños colaterales”. Si esa es la manera de llamar a los muertos o asesinados inocentes por errores en la estrategia militar, la rentabilidad macroeconómica justifica pasar por encima de países, regiones, personas y de lo que se tercie, con tal de conseguir el beneficio económico de unos pocos. Son tiempos de “el fin justifica los medios”

Macroeconomía es el estadio donde juegan “los mercados”. Ese monstruo multicéfalo devorador de derechos. Atacar al euro es rentable; aumentar la deuda y el estrangulamiento económico de millones de personas, es rentable. Esto es así y punto.

"Los Mercados" dandose una vuelta por Atenas. Instantánea de ayer por la tarde.

Macroeconomía es inyectar dinero (mucho, muchísimo) a los bancos sin exigir reformas y sin pedir que los culpables de esta situación crítica den ningún tipo de explicación.

Macroeconomía es que un grupo pequeño de gente que no ha votado nadie dirija al mundo es pos de su avaricia y la ceguera más allá de su ombligo, sin ninguna posibilidad de ser controlados y supervisados por estados u otro tipo de organismos.

Está claro, el modelo no funciona. Y por mucho que se empeñen algunos (muchos), cuando se vaya Zapatero no se va a arreglar nada.

La persona que más manda en el mundo después de especuladores, baqueros, etc...

Imaginemos la situación de la siguiente manera. Piensen en un chiringuito en la playa, un local donde el dueño sabe que este verano se va a llenar hasta la bandera. El propietario contempla dos opciones: poner precios abusivos y hacer una caja espectacular arriesgándose a que el verano siguiente no vaya nadie, o poner unos precios razonables, cuidando a los clientes, ganando menos dinero pero haciendo que poco a poco y verano a verano el local esté siempre a rebosar de personas felices y satisfechas, consolidando su trabajo hasta el fin de sus días.

Ahora pensemos qué opción elige cada cual. ¡No es difícil, amigos!

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