“Microcuentos del Eufemismo” 2. Nuestros Cuentos, revisionados

M.E 2  “Los Tres Cerditos (sucios y jóvenes, pero buenos ciudadanos)”

Los Tres Cerditos de farra, antes de firmar la hipoteca

Erase una vez que tres cerditos, que eran hermanos, buscaban casa para vivir. Tenían que convivir juntos porque con los sueldos que tenían no daba para independizarse e ir cada uno por su cuenta.

Primero alquilaron una casita de paja, solicitaron la ayuda al alquiler y solo esperaron 15 meses a que le llegara el primer pago. A los dos años, apareció el Lobo Municipal, y les pidió amablemente que dejaran la chabola de paja ya que iban a construir un aeropuerto para que la gente pudiera pasear. El colmo de la modernidad. Como los cerditos se negaron, el lobo sopló y sopló hasta que derrumbó la casa y el aeropuerto pudo construirse, y la gente tuvo donde pasar los domingos gracias a los desvelos de los representantes regionales.

Los cerditos se mudaron a una casita de madera, a intentar seguir haciendo sus vidas de menosdemileuristas. El Lobo Municipal volvió a aparecer, ya que el suelo donde estaba la casa estaba cerca de la playa y era recalificable. El lobo sopló y sopló, la casa derribó y ya se pudo recalificar tranquilamente el terreno y construir un superbloque de edificios (que luego no se pudo vender, pero ese es otro cuento).

Los cerditos estaban empezando a perder el consenso, y pensaron en una política alternativa al gobierno. De choque y de desgaste. Compraron un piso de ladrillo y se hipotecaron con el banco. El Lobo municipal quiso realizar un “recorte” de la casa, ya que se encontraba en el centro y  un amigo al que le debía un favor quería montar un bar en ella. El lobo se acercó a la casa a soplar con sus pulmones democráticos pero antes de empezar a soplar, le tocaron el hombro por detrás y le preguntaron: ¿qué crees que haces? Ahora son nuestros. Fuera de aquí y mantén la boca cerrada.

Y así fue como los cerditos cambiaron de amo y se convirtieron en posesión de los más poderosos de la ciudad: El Banco. A los 6 meses, los cerditos no pudieron seguir pagando la hipoteca abusiva que firmaron y fueron cocinados en una barbacoa de convivencia entre los directivos de las distintas sucursales.

Estaban buenísimos.

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