El ciudadano tóxico

Foto de Álvaro Martín

Se me queda un sabor agridulce de la huelga de ayer. Por supuesto yo la secundé, porque independientemente de convocantes, considero que mi obligación era estar allí apoyando en la manifestación y no yendo a trabajar.  En este cutre-blog adelgazado, he hablado largo y tendido de las razones políticas y económicas estúpidas, absurdas e insolidarias que hoy nos imponen. Son una sentencia de muerte para la sociedad del bienestar y ya están dando sus primeros frutos.

Y digo sabor agridulce porque me cuesta mucho, muchísimo entender algunas posturas.

Respeto y entiendo a mucha gente que fue a trabajar por necesidad económica (son demasiados los que no se pueden permitir perder 30 o 50 € de un día), miedo o chantaje de los empresarios con amenazas de perder el empleo u otras razones argumentadas y razonables.

Entiendo, pero no respeto, a aquellos que la situación actual les viene bien, los que están por encima de la crisis, asalariados del PP y otros que no tienen nada que perder: grandes empresarios, banqueros, gente bien posicionada económicamente que no siente que deba mover un dedo por los demás.

Entiendo ya mucho menos lo de argumentar que no hacen huelga porque son los sindicatos los convocantes o que la apoya el PSOE (el que por cierto, podemos dar por muerto). La situación en la que nos encontramos debe estar por encima incluso de ellos, que por otra parte casi nunca han estado a la altura en los últimos tiempos. Casi todos los derechos sociales que hoy disfrutamos han venido de huelgas y protestas. Si no, estaríamos todavía 65 horas en la fábrica o la mujer no podría votar.

No entiendo para nada  la tibieza, cobardía, vagancia y el egoísmo (y codicia) de muchos, que son incapaces de ver ningún problema hasta que les pasa a ellos. La crisis no les ha tocado de momento, por lo tanto no hay necesidad de movilización. Los demás que resuelvan sus problemas como puedan. Aún no han visto afeitadas las barbas del vecino.

Pero lo que me saca de mis casillas, lo que no entiendo de ninguna manera y me repugna es observar a gente perjudicada directamente por las injustas políticas económicas (ya hayan quedado en paro, viendo reducido su sueldo, eliminado prestaciones de dependencia a familiares, empeorando la educación de sus hijos y así…) y todavía tengan los santos cojones de defender al gobierno. Demuestran una desinformación increíble (sí, señores, hay alternativas a la austeridad) y un servilismo propio de un perro fiel más que de una persona.

Es el votante tóxico, el que tropieza con la piedra y se encariña con ella, el que siente al partido como su equipo de fútbol, el que la capacidad crítica no se la enseñaron en la escuela y el que se cree a pies juntillas todo lo que han decidido que crea. Son los de “vivan las caenas” del siglo XXI.

Y lo peor de todo, cuando se entera de noticias como la de que un periodista mamporrero llamado  Hermann Tersch grabó la crítica de la huelga la noche antes, o que la diputación de Madrid cifró la cantidad de manifestantes en 35000 personas, no siente vergüenza.

Y he ahí el problema: si no se siente vergüenza ante manipulaciones tan monumentales, es un ciudadano tóxico.

Y si, yo ayer también di la cara y parte de mi sueldo por ese ciudadano, para intentar cambiar también su futuro. Aunque tengo muy claro que no se lo merece.

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3 pensamientos en “El ciudadano tóxico

  1. Pingback: El ciudadano tóxico

  2. ¿Qué hacer con esos tóxicos? Eso a mi también me repugna pero al tiempo me acojona. ¿Qué hago? ¿No voy a comprar a sus tiendas? ¿Les retiro el saludo en la calle? ¿Les insulto y acuso directamente?
    Conforme va creciendo la crispación (que nos llega desde arriba) va creciendo también la rabia hacia quienes les votan y entonces llega el enfrentamiento directo.
    Acabo de leer un libro muy duro y muy triste “Historia de una maestra”, que habla de los años previos a la guerra civil. Y lo peor es que la situación política se parecía mucho (demasiado) a la actual.
    Por eso se me ponen los pelos como escarpias y me da mucho miedo todo esto.
    Aunque no por eso voy a dejar de hacer lo que pienso y lo que creo.

  3. Ciudadano tóxico…votante tóxico…parado tóxico…trabajador tóxico…tertuliano tóxico…periodísta tóxico…seguidor tóxico…crítico tóxico…en definitiva demócrata tóxico. Sigo pensando que uno de los puntos fundamentales de lo que comentas es la inmadurez de nuestra democracia…perdón…no de nuestra democracía sino la inmadurez democrática que tienen los ciudadanos de nuestro país. En fin, todo se andará…

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