Síndrome de Estocolmo

“El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica en la cual la víctima de un secuestro, o una persona retenida contra su voluntad, desarrolla una relación de complicidad, y de un fuerte vínculo afectivo,con quien la ha secuestrado. Se debe, principalmente, a que malinterpretan la ausencia de violencia contra su persona como un acto de humanidad por parte del secuestrador.1 Según datos de la Federal Bureau of Investigation (FBI), alrededor del 27 % de las víctimas de 4700 secuestros y asedios recogidos en su base de datos experimentan esta reacción”

De verdad, aunque me hago cargo de que nuestras tragaderas con la impunidad son inmensas, no puedo comprender el momento actual (político y social) por el que estamos pasando. Somos inmunes a los casos de corrupción que salen un dia sí y otro también y vemos con resignación y apatía como nos recortan derechos sociales, nos mienten, merman nuestros sueldos, gestionan las crisis con ignorancia e incompetencia…y entre tanto vemos cómo nuestros impuestos van en gran parte en pagar intereses de una deuda que los ciudadanos de a pie no hemos adquirido, como los puñeteros rescates a los bancos.

Rios de tinta se han gastado escribiendo sobre este gobierno, elegido por mayoría absoluta en 2011. El giro hacia la extrema y ultracatólica derecha, las explicaciones absurdas, los silencios…el daño está ahí y es evidente y está a ojos de todos. La pregunta es: ¿QUÉ PASA? ¿POR QUÉ CONSENTIMOS ESTO?

De los 11 millones de votos que obtuvo el PP en 2011, calculan los últimos estudios que han perdido sobre 4 millones de votos (y subiendo). Significa que (todavía) quedan unos  6 millones de personas seguirían apoyando semejante espanto político. ¿Son todos personas ricas que usan sanidad y educación privada y son de misa diaria? ¿La red clientelar que se han construido llega a tanta gente? Me temo que no.

Entonces, ¿cuáles son las razones de que que (todavía) queden mujeres que apoyen a este partido después de la humillante reforma de la Ley del Aborto o las palabras machistas de Cañete? ¿Cómo se puede volver a confiar en alguien que nos ha mentido por sistema?

Decía Pérez -Reverte que el español es muy fiel a sus odios. Tiene razón. Somos corporativistas y egoistas, y si hay algo de lo que adolecemos, es de sentimiento de comunidad en su más amplio sentido del término. Hay rivalidad insana entre comunidades autónomas, entre pueblos vecinos, entre cofradías religiosas de la misma ciudad…Entre peñas, equipos de futbol, profesiones, partidos políticos. Queremos que nos vaya bien a nosotros y a los de nuestra “corporación”. Y no nos conformamos con eso, además queremos que les vaya “regular” al resto.  En la mayoría de casos, sobra rencor y falta empatía. Yo por mi parte, lo tengo muy claro. Quiero que me vaya bien a mi, pero también quiero que le vaya bien a los demás. Quiero que crezcamos juntos, y haya oportunidades para todos. Y cuando digo todos, digo TODOS los ciudadanos del país, tengan la ideología o religión que sea.

Del ciudadano en permanente estado de alerta contra el prójimo se aprovechan los partidos políticos, que no son más que un reflejo de lo que somos.

Recapitulemos.

  1. Tenemos una sociedad enfrentada y desorganizada en miles de fragmentos. Sumamos que a un político ser corrupto le supone un coste 0 (¿qué tiene que pasar aquí para que un político dimita?) En la comunidad valenciana, por poner un ejemplo, un porcentaje importante de diputados del PP están imputados por corrupción, y según las últimas encuestas, volverían a ser el partido más votado. Que hayan hundido a la comunidad y se hayan beneficiado de ello parece ser que no importa a la hora de ir a votar.
  2. A esta cultura de la impunidad sumamos también que no se han superado ciertos tics del pasado, y todavía existe una parte de la sociedad clasista y remilgada, que no solo se empeña en creerse mejor que el resto sino que además se esfuerza por imponernos su estilo de vida alérgico a las libertades y más cercano al sXIX que al XXI. Y LO CONSIGUE. Es para esta gente para la que está gobernado el actual partido en el gobierno, con sus medallas a vírgenes y su desprecio a la mujer. Cuando les oigo hablar de “voluntad de servicio público” me entran nauseas.

El caldo de cultivo está preparado para la gran obra: Tener entre 7 y 12 millones de personas con un Síndrome de Estocolmo descomunal.

estcolmo-sindromebInstrucciones: Para los más descreidos o espabilados se teje una red clientelar donde parte de esas personas se aprovechen (o crean que se podrán aprovechar en un futuro) de que un partido como ellos esté en el gobierno. Para el resto de ciudadanos primero se controla los principales medios de comunicación y después se crea una serie de conceptos facilísimos de entender para tener a las ovejas dentro del redil, fomentando un ciudadano acrítico y con escasa formación económica y cultural; Por ejemplo: “España se rompe”, “hay brotes verdes en el horizonte”, “la herencia recibida” “Nosotros buenos, los demás malos”, “ Si no tienes trabajo o te va mal es que no te has esforzado lo suficiente”…unido al uso de todo tipo de eufemismos que harían sonrojar a cualquiera con dos neuronas en el cerebro. Todo ello para ocultar lo evidente: que los partidos políticos mayoritarios (no solo el PP, el PSOE también) son empresas privadas con intereses privados. Y en sus cúpulas están dirigidos por gente que lo primero que hace es asegurarse su futuro, sacando brillo a la llamada “puerta giratoria” para asegurarse un puestazo en una de esas grandes compañías que ahora protegen cuando se retiren de la política.

La crisis económica no es un desastre natural. Tiene culpables con nombre y apellidos: políticos, banqueros, empresarios…y nosotros: que queremos ser como ellos o agachamos la cabeza resignados.

Es muy difícil la organización. Existen organizaciones como LA PAH que dan esperanza, pero queda mucho camino por recorrer. Podríamos empezar yendo todos a votar a las europeas. Que al menos parezca que nos queda sangre en las venas…pero no. Nuestro sindrome de Estocolmo es incurable. Amamos a nuestros secuestradores y si pudiéramos nos convertiríamos en ellos. Qué asco.

Como dice Iñaki Gabilondo, necesitamos un shock de modernidad. Ahora, por favor.

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